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lunes, 5 de noviembre de 2018

El testamento de la hiena.


Relatos breves.
La primera antología de Pere Calders publicada en castellano no aparece hasta 1.984, Ruleta rusa y otros cuentos, editada por Anagrama. Sin duda, esta fue la causa por la que el autor catalán era desconocido por el lector español.
Sin embargo, para los de mi generación, el autor del relato que os traemos hoy se nos descubrió, brillante y sorpresivamente, con el espectáculo Antaviana que la compañía Dagoll Dagóm estrenara en 1.978, con música de Jaume Sisa. Coetáneo al tardo franquismo, el teatro independiente español, con la aparición de un espectáculo tan novedoso, certificaba su defunción definitiva. Solo quedaba adaptarse trabajosamente a los nuevos tiempos. Era el momento en el que Barcelona figuraba al frente de la vanguardia cultural española.
Con vosotros El testamento de la hiena, un relato impregnado de ironía y humor en el marco de una situación insólita.
De este mismo autor en Taberna el callao, Hecho de armas.

Ficha de audio:
Texto: Pere Calders.
La hiena: Javier Merchante.
El funcionario: Chema del Barco.
Músicas: Nicoco.



martes, 30 de octubre de 2018

Un largo viaje.



Historias Mínimas.

Un largo viaje forma parte del libro Siete minutos (La Guantera, Palma de Mallorca, 2003) de Francisco Rodríguez Criado, de quien ya hemos publicado en esta página el microrrelato Amantes.

Ficha de audio:
Texto: Francisco Rodríguez Criado.
Narrador: Carlos Pérez.
Tipo: Rafael Cañete.
Música: EstherRodríguez (Jamendo).




Un largo viaje.
(Francisco Rodríguez Criado)

Hay que reconocer que el tipo tenía buena planta: guapo, alto, elegante… Un hombre distinguido, sin duda. Yo estaba conversando con un compañero cuando se acercó para ofrecerme un trabajo. “Un viaje, un largo viaje. Conoceremos océanos, montañas y desiertos”, aseguró. “E inmensas carreteras que parecen no tener fin.” Me iba a dar un buen sueldo. Cuando pedí más detalles, se limitó a responder lacónicamente: «Será un largo viaje». Comprendí que era como yo: no le gustaban demasiado las preguntas. “Espere aquí, no tardo mucho”, le rogué. Mientras él se acomodaba en el interior del taxi, eché a andar hacia mi casa, a escasos metros de allí. Conté lo sucedido a mi mujer al tiempo que hacía las maletas. Ella me miró queda, pero no hizo preguntas. ¿Para qué sirven las preguntas? El tiempo, tarde o temprano, es quien aclara todas nuestras dudas. Le di un beso. A ella y a la niña, que torpemente trataba de dar sus primeros pasos sobre la alfombra del salón.
Cuando regresé, encontré al tipo fumándose un cigarrillo, con una mirada ausente a través de la ventanilla.
Me senté al volante y encendí el motor.
Hablé ayer con mi mujer desde una cabina telefónica. Nos echamos de menos. Diana, que “piensa mucho en mí”, está feliz ante la proximidad de un acontecimiento importante: el domingo es el día de su Primera Comunión. Yo les conté que había visto océanos, montañas y desiertos. Luego regresé al coche; allí estaba él, con esa mirada ausente a través de la ventanilla.
Sin mirarle, arranqué el vehículo y proseguimos nuestro viaje a través de una de esas inmensas carreteras que parecen no tener fin.

Francisco Rodríguez Criado, Siete minutos, La Guantera, Palma de Mallorca, 2003.



viernes, 5 de octubre de 2018

El emperador de China


Historias mínimas.

Marco Denevi (1.922-1.998) fue escritor, periodista y dramaturgo argentino. Abandonando este último genero literario al haberse dado cuenta de que no tenía otras condiciones para el teatro que las propias del espectador de obras ajenas.
El microrrelato que hoy os traemos, El emperador de China.

Ficha de grabación:
Texto: Marco Denevi.
Narrador: David Arnaiz
Música: Homeless Balloon (Jamendo).
Duración: 1:38






El emperador de China.
(Marco Denevi)

Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. El único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver. Transcurrió un año de increíble prosperidad para el imperio. Hasta que, por fin, Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto pelado, del difunto emperador. ¿Veis? -dijo – Durante un año un muerto se sentó en el trono. Y quien realmente gobernó fui yo. Merezco ser el emperador.
El pueblo, complacido, lo sentó en el trono y luego lo mató, para que fuese tan perfecto como su predecesor y la prosperidad del imperio continuase.